Cuarenta y un segundos seguidos de aplausos para la gestión de Roberto Álvarez como servidor público y ministro de Relaciones Exteriores

Observé que algunos pocos de los presentes se sorprendieron con el prolongado aplauso que se ofreció al señor Roberto Álvarez durante la ceremonia realizada esta semana en el Palacio Nacional en la que el presidente Luis Abinader impuso la condecoración de la Orden del Mérito de Duarte, Sánchez y Mella, en el grado Gran Cruz Placa de Plata, al ex canciller.

Luego de que el señor Anibal de Castro presentara la semblanza del ahora embajador emérito y enumerara algunas de las iniciativas que impulsó, citando entre otras cosas la valoración que expresó sobre su persona el ex secretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH), Charles Moyer, – organización para la que Álvarez trabajó en la década de los 70’s -, los presentes se pusieron de pie y le ofrecieron un efusivo aplauso que se extendió por los saludos protocolares e incluso provocó que la maestra de ceremonias bajara el ritmo al guión para no interrumpir esta muestra de reconocimiento que duró unos 41 segundos.

No era para menos. Pero para los que se pudieron haber sorprendido por esto, quiero dejarles una breve mirada retrospectiva a la labor realizada por Roberto Álvarez durante los seis años que se desempeñó como ministro de Relaciones Exteriores 2020-2026.

Desde antes de asumir esta posición, Roberto Álvarez fue la persona que trabajó junto al presidente Abinader la propuesta de gobierno presentada en la campaña presidencial previo a las elecciones de 2020 sobre lo que sería la política exterior de su gobierno. Este documento, y su actualización en 2024, fue la guía de acción para los últimos seis años en el Ministerio de Relaciones Exteriores.

Durante este período la Cancillería y el Servicio Exterior Dominicano dieron cuenta de un proceso de transformación que permitió que hoy el país tenga una institución más transparente y moderna, orientada a resultados, profesionalizada y apegada a los mejores intereses del país.

Uno de los principales objetivos que esta gestión dijo tener, fue posicionar a República Dominicana como un actor confiable, comprometido con la democracia, la cooperación internacional y la defensa del interés nacional. Roberto Álvarez acompañó al presidente Abinader y lo representó a él y al país en foros internacionales, haciendo que se escuchara la voz de nuestro Estado, impulsando la toma de decisiones para buscar resolver desafíos multilaterales, hasta llegar a poner al país de moda ante la comunidad internacional.

En ese sentido, por ejemplo, Álvarez compareció más de 15 ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, para alertar sobre la amenaza que significaba, no sólo para República Dominicana, sino para la región, la situación de inseguridad que vive Haití luego del magnicidio del presidente Jovenel MoÏse. Esto permitió que el Consejo aprobara varias resoluciones que, si bien no han resuelto el grave problema, han evitado quizás que la situación sea peor.

En otro orden, el país dio su mejor impresión con la organización de eventos internacionales de alto nivel como la LVI Reunión Ordinaria de Jefes de Estado y de Gobierno del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA) que se llevó a cabo en 2022 en Santiago y la XXVIII Cumbre Iberaomericana de Jefas y Jefes de Estado y de Gobierno, realizada en Santo Domingo en marzo de 2023, entre otros.

República Dominicana es hoy miembro de importantes órganos multilaterales como el Consejo de Derechos Humanos de la ONU y otros organismos internacionales que brindan el privilegio al país de tener una participación activa y de primer orden en la toma de decisiones que impactan al mundo.

A nivel institucional, la Cancillería mostró una nueva imagen ante la sociedad tras la toma de decisiones que permitieron una gestión productiva del capital humano, eliminando “botellas” y reconociendo el trabajo de los colaboradores con resoluciones que, entre otras cosas, dispusieron escalas salariales para la sede y el servicio exterior, eliminando la discrecionalidad irritante que había. Además, se acabó el “gentío” que había en algunas misiones, estableciendo una cantidad límite de funcionarios en las embajadas y misiones multilaterales.

Se fortaleció la Carrera Diplomática con la convocatoria de dos concursos para reclutar una nueva generación de diplomáticos; esto tenía 10 años sin hacerse, y se agotó un proceso de alternancia y rotación de funcionarios que buscó evitar que se desconectaran de sus raíces y que se actualizaran con las nuevas realidades del país.

Pocos entenderán el rol de un diplomático y más del canciller de la República, pero en Roberto Álvarez vimos un ministro enfocado, decidido, prudente, negociador, humano; conocedor de las consecuencias que implican para el país el no saber enfrentar crisis que pueden agravarse con una sola palabra o gesto.